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Reseña: Probamos God of War 4 para Playstation

God of war

 

La calvicie nunca lució tan bien en un personaje de videojuegos desde las glorias tempranas de Hitman: Kratos es el calvo de moda en el universo de los videojuegos desde hace un rato. Santa Monica Studio ha satisfecho cada expectativa generada en estos años de espera de God of War 4, que ya parecían demasiados.

En esta aventura Kratos está acompañado por su hijo, Atreus. Uno de los duetos memorables de la historia de los videojuegos: durante gran parte de la aventura el personaje infantil parece ser demasiado frágil para ponerse a la par de su padre y se tiene la pronta impresión de que morirá en el primer encuentro riesgoso: a medida que se desarrolla el juego vemos que no podíamos estar más equivocados: Atreus está completamente involucrado en las mecánicas de juegos, protagonizando batallas memorables junto a su padre y resultando imprescindible en determinados momentos: o le tienes de tu lado o mueres.

El principal cambio en la jugabilidad es la desaceleración en el ritmo narrativo y en las cinéticas: Kratos parece estar desarrollando algún tipo de artrosis y ya no se le ve tan acrobático (Aunque todavía te puede sorprender con un triple salto mortal hacia atrás, parece preferir no hacerlo). 

Esta pérdida de velocidad tiene una intención clara y afortunada: darle más tiempo y profundidad a cada combate, ahora escucharás claramente como se rompe un tendón de aquiles o verás las articulaciones desgarrarse como nunca antes. Hay una visión más íntima de la violencia, una comunión basada en la espectacularidad estética y esto depende de una reconversión total de su motor gráfico, en función de una progresión en el árbol de habilidades de Kratos y su hijo.

Los paisajes son pinturas cuyas profundidades esconden horas y horas de fascinación y entretenimiento. Se ha puesto tanto detalle en las vistas del mundo que ir recto hasta el final de la historia es un desperdicio imperdonable: Hay que saborear cada pantallazo que nos ofrece el equipo de artistas de Santa Monica Studios. 

Aquí sigue que sería unas de sus únicas fallas: el mundo es demasiado lineal: con una cinemáticas tan elaboradas es comprensible que no puedan generar un mundo abierto, pero deberían haber más espacios vacíos para explorar porque sí, porque explorar es delicioso. No es un juego de exploración, eso se sabe, pero puede pasar que te vayas en tobogán hasta el capítulo final y te pierdas de... bueno... todo.

La experiencia de juego en la consola de Sony es brutal. El apartado gráfico saca provecho de todos los avances de la consola japonesa, no desperdicia fotograma y parece diseñado para ser exhibido en un museo de arte contemporáneo. 

A pesar de que su estreno ya pasó, es una de las mejores inversiones que un gamer puede hacer este año.