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¿Cuál es tu género favorito?

libros de segunda

 

Iba a la librería Atenas, en Cali, con una presa marcada entre ojo y ojo: libros de cuentos, voluminosos de ser posible. Prefería las compilaciones, o las memorias de un concurso, así podía tener acceso a varios estilos en un solo volumen. Las novelas las compraba sólo para ojearlas… no tenía opción: la librería Atenas contaba con un sótano de saldos en el que uno podía encontrar la edición bilingüe de las obras completas de Alfred Jarry por 1.500 pesos. Patafísica de la buena por 30 centavos de dólar.

Consciente de que los días solo tienen 24 horas, sabía que disponía de un tiempo limitado para leer. Decidirme por una novela era dedicarle mucho tiempo a una sola historia, a una sola cosmovisión. No andaba en busca de muchas historias, quería estar expuesto a muchos estilos. Mis cálculos juveniles fueron imprecisos, sin embargo: asumí que en ninguna novela encontraría más de un estilo. Tardé años en comprobar que no era así.

Sin duda, mi género primario es el cuento. Tengo, empero, dificultades críticas para definir mi segundo género. En primera instancia podría decir que es el teatro, el género que más fácil se digiere, ya que, la mayoría de las veces, una obra dura dos horas y se lee en menos.

Nunca me obsesioné tanto con un autor como lo hice con S. Beckett. Tras leer Esperando a Godot supe que lo mío era el absurdo. Al día de hoy, he desarrollado otros intereses, pero conservo esa fascinación constitutiva por los diálogos rápidos, infiltrados de humor negro y paradojas existenciales. Aunque es una novela, creo que el mejor libro que me he leído en mi vida es El innombrable, del mismo autor. También es el único podría recitar de memoria: (“¿Dónde ahora? ¿Cuándo ahora? ¿Quién ahora? Sin preguntármelo. Decir yo. Sin pensarlo. Llamar a esto preguntas, hipótesis. Ir adelante, llamar a esto ir, llamar a esto adelante”).

Aún así, me decido por declarar que mi género secundario es la no-literatura. Y no es un arrebato emocional, es una decisión racionalizada, parte de una estrategia estilística: tomar estructuras y técnicas de otras disciplinas escriturales y aplicarlos en el género que se pretende degenerar. Aplicar las técnicas escriturales clásicas de la jerga jurídica en un cuento infantil de terror o utilizar el código de nomenclatura botánico para escribir un poema épico. 

La creatividad es la superposición de estructuras y estéticas de una disciplina sobre otra. Este juego puede producir estructuras ordenadas y lógicas del tipo: tocar la lambada a ritmo de vals; o cadáveres exquisitos como: oler el canto agudo del agua de panela. Mi opción es clara: debe parecer un cadáver exquisito, pero debe tener orden y lógica. Más que por la escritura simbólica, apostaría por la jeroglífica.

Que comience el juego.

 

***En el bolsillo lateral de un abrigo de cuerina, que compré en un pulguero, encontré el guión literario de Zelig, el falso documental de Woody Allen. Librito de pasta plateada, casi de bolsillo. Al terminar de leerlo supe que si me veía la película derivada iba a perder sus propiedades literarias, así que nunca la vi. Temo que la versión dirigida por Allen supere la que rodé en mi cabeza, en la cual, por supuesto, imaginé actores locales, de poca pasta, en los papeles protagónicos.