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Colombia no estaba preparada para las teleclases

Teleclases.

¿Cuál es el impacto de la pandemia en las dinámicas de la enseñanza en Colombia?

Tras ya dos años de luchar contra un fenómeno global, la humanidad en su conjunto parece haber llegado a una suerte de resignación planificada. El distanciamiento social y las medidas restrictivas de la movilidad terminaron en un encierro masivo al que no todos pudieron adaptarse.

En teoría, uno de los sectores que se había venido preparando para una reclusión individual extendida era el educativo. Las clases online ya eran totalmente comunes en la enseñanza de idiomas, por ejemplo. Para la economía de muchos colombianos esta opción ha sido un alivio, sobre todo en tiempos de pandemia. 

Si bien la enseñanza del inglés y cursos técnicos ya eran muy comunes en la red, el sector de los contenidos más académicos estaba prácticamente en pañales. La educación primaria y secundaria fue la menos preparada para el abrupto cambio de reglas. En un país en vías de desarrollo sectores enormes de la población no cuentan aún con conectividad.

La presidencia de Iván Duque se propuso una cifra total de conectividad para el 2022 del 70 %. Esto incluía una verdadera revolución en la conectividad rural, dados los bajísimos índices de acceso a internet en el campo colombiano. A este respecto, las esperanzas de miles de niños en al área rural están en veremos, dado el reciente escándalo en MinTics, en el que se extraviaron 70 mil millones.

Al margen de este desfalco, la estructura del sistema educativo colombiano no estaba para nada  preparada para recibir la pandemia. A la falta de conectividad básica, falta de conexión a internet, se suman otros factores críticos: la ausencia de un pénsum adaptado a las dinámicas de las teleclases. No se trata solo de conectar alumnos masivamente: la lógica de la trasmisión de información en teleclase es radicalmente diferente: los tiempos de espera, el tono de voz, el aguante y la concentración del maestro. Sin contar con el elemento sorpresa de estar en el hogar, situación que trae todo tipo de inconvenientes, ya que se está invadiendo, de alguna manera, la intimidad de los involucrados.

Los niños tampoco recibieron talleres de adaptación, llegaron a las clases sin ninguna preparación. El sistema educativo colombiano, por no decir mundial, no estaba para nada preparado para todo lo que se venía. ¿Falta de previsión? Tal vez, aunque hay que admitir que prácticamente ningún sector de la sociedad estaba preparado, no solo el educativo.

Quedará para nuestros estudiantes la experiencia del encierro y la conectividad limitada y/o forzada. Muchos tuvieron, de hecho, que abandonar sus estudios. Quedará también la lección: el futuro es complejo y lleno de sorpresas retadoras. Las sociedades que puedan anticipar los cambios que se vienen y reaccionar a tiempo tomarán la delantera en el competitivo mundo hiperconectado que se viene. De ellos será el futuro.